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Áncash: El Desafío de Transformar la Riqueza Minera en Bienestar Real

Áncash: El Desafío de Transformar la Riqueza Minera en Bienestar Real

Por: Mary Melgarejo

Caminar por Áncash es reconocer, a cada paso, la inmensa fortuna que la naturaleza nos ha entregado. Desde las cumbres de la Cordillera Blanca hasta la fuerza de nuestra costa, somos una región privilegiada. Sin embargo, al observar la realidad de nuestros centros de salud y la conectividad de nuestros pueblos, surge una pregunta inevitable: ¿por qué, si generamos tanto, todavía nos falta lo básico?

Esta es una reflexión necesaria desde el corazón de alguien que, como tú, ve con preocupación cómo el potencial de nuestra tierra se queda, a veces, atrapado en cifras macroeconómicas que no siempre llegan a la mesa o a la atención médica del vecino.

Oro en las montañas, brechas en la ciudad

Áncash es, sin duda, un motor económico para el Perú. El desempeño de nuestro sector minero es envidiable a nivel nacional; somos líderes en producción de cobre y zinc, y eso se traduce en transferencias importantes por concepto de canon y regalías. Pero aquí aparece la gran paradoja: el crecimiento económico no es lo mismo que el desarrollo social.

Tener los bolsillos llenos como región no sirve de mucho si las manos que deben ejecutar esos recursos no encuentran el camino para convertirlos en obras que duren. La competitividad no es solo una palabra para economistas; es la capacidad de que Áncash sea un lugar donde valga la pena invertir no solo en minas, sino en agricultura, turismo y tecnología. Hoy, esa competitividad se ve frenada por una burocracia lenta y una falta de visión técnica que priorice el largo plazo sobre el cemento de corto plazo.

Salud: una urgencia que no espera

Si hay un sector donde la brecha duele más, es en la salud. Resulta difícil de explicar que, siendo una de las regiones que más aporta al tesoro público, todavía tengamos hospitales con infraestructura obsoleta o puestos de salud en la sierra que carecen de lo más elemental.

La salud en Áncash requiere más que parches. Necesitamos una infraestructura moderna que responda a la complejidad de nuestras enfermedades y a la geografía de nuestro territorio. La falta de especialistas y de equipamiento de última generación obliga a muchas familias a trasladarse a Lima, enfrentando gastos y angustias que no deberían existir si los recursos se gestionaran con eficiencia. El bienestar de un ancashino no puede depender de su capacidad para viajar diez horas por una consulta médica; el bienestar debe estar cerca de su hogar.

Infraestructura que conecte oportunidades

La falta de competitividad de la que tanto se habla en los informes técnicos tiene un rostro muy claro: caminos en mal estado y conectividad digital deficiente. Para que un agricultor de Huari o un emprendedor de Chimbote pueda competir, necesita rutas seguras y rápidas para sacar sus productos.

La infraestructura no es solo construir puentes; es crear las condiciones para que la inversión privada quiera quedarse y diversificarse. Si solo dependemos de la minería, estamos vulnerables a los precios internacionales. Pero si fortalecemos nuestras carreteras, nuestros puertos y nuestro acceso a internet, permitimos que el talento ancashino florezca en otros sectores. La infraestructura es el sistema circulatorio de nuestra economía, y hoy, ese sistema tiene obstrucciones que impiden que el desarrollo fluya hacia todos los rincones de la región.

El bienestar humano como prioridad

A veces, entre tantos cuadros estadísticos sobre el Producto Bruto Interno (PBI), nos olvidamos de lo más importante: las personas. El verdadero éxito de una gestión regional no se mide por cuánto dinero quedó en el banco al final del año, sino por cuánto mejoró la calidad de vida de la gente.

¿Tienen nuestros niños una nutrición adecuada? ¿Contamos con agua potable y saneamiento en las zonas rurales? Estas son las preguntas que deben guiar la inversión. El desarrollo económico debe ser un medio, no un fin en sí mismo. El fin es que cada Áncashino sienta que vivir en esta región es una garantía de dignidad y futuro. Para lograrlo, la transparencia y la meritocracia en la gestión pública son urgencias que ya no podemos postergar.

Un compromiso firme por nuestro futuro

Mirar hacia adelante requiere honestidad. Reconocer nuestras deficiencias en salud e infraestructura no es un acto de pesimismo, sino el primer paso para una transformación real. Áncash tiene la capacidad económica para ser la mejor región del Perú; lo que nos hace falta es un compromiso colectivo para exigir eficiencia y visión técnica. Nuestra preocupación es que las oportunidades pasen de largo mientras nosotros seguimos discutiendo lo elemental. Es momento de reflexionar sobre qué legado queremos dejar.

Reafirmar nuestro compromiso con Áncash significa velar porque cada sol del canon se convierta en una cama de hospital, en un aula conectada o en una carretera segura. El bienestar de nuestra gente es la única meta que justifica cualquier esfuerzo. Hagamos que la riqueza de nuestro suelo sea, por fin, la riqueza de nuestras vidas.